Vera | El alcalde cierra el grifo de las respuestas orales en Pleno

José Carmelo Jorge, alcalde de Vera.

Casi se cumplían las dos horas de Pleno cuando, en el punto 16 y último, tocaba el turno de ruegos y preguntas. El alcalde del PP de Vera, José Carmelo Jorge, tomaba la palabra en la sesión telemática de ayer para dejar claro que “para evitar malas interpretaciones” toda la información requerida por la oposición no se haría de manera oral sino escrita.

Como es obvio, la normativa contempla esa posibilidad, pero, como es obvio también, va en detrimento de la política de agilidad y transparencia de la que el equipo de gobierno presume con más titulares en la prensa que motivos reales en su gestión.

A nadie se le escapa, que la respuesta por escrito requiere un plazo también aclarado por el regidor en la sesión plenaria: “se les contestarán por escrito antes del próximo Pleno o en el próximo Pleno”.

Es decir, que, si bien se facilitará dada la obligatoriedad de hacerlo, pueden transcurrir hasta dos meses para que se pronuncie sobre asuntos que, en muchas ocasiones, van ligados a la actualidad del municipio. Cuando dé su versión el ayuntamiento, el asunto en cuestión habrá perdido vigor o eso se pretende.

Es evidente que algunas de las preguntas demandarán datos o explicaciones normativas complementarias que se pueden aportar por escrito en aras del rigor, pero hacerlo todo por norma denota escasa confianza en el conocimiento exacto que se tiene de lo que se hace al frente del ayuntamiento.

La ciudadanía tiene derecho a saber, con independencia de a quien voten, porque pagan impuestos igual, en qué gastan su dinero, qué rápida respuesta se ofrece a los asuntos puntuales, qué soluciones se dan a sus problemas, sin demorarlas para que caigan en el olvido, y qué nivel de ética política tienen sus representantes

Por ejemplo, esas “malas interpretaciones” a las que, sin más detalle, se refería el alcalde como excusa no es difícil deducir que proceden de la polémica suscitada por la presencia de operarios municipales en horario laboral en su chalet.

La confusa respuesta oral en aquel Pleno de uno de sus concejales sobre las razones de esa visita, primero que estaban desayunando con él, aunque no aparecía en las fotos, luego que habían ido a medir o habían ido a por agua, debió incomodar al alcalde por el recorrido que tuvo incluso fuera del ámbito mediático local que, todo sea dicho, y salvo excepciones, tampoco hizo grandes despliegues. Nada comparado con otras cosas que merecen una cobertura desmedida si publicitan algún acto municipal por nimio que sea.

De no ser el incidente del chalet el origen del cambio del carril oral al escrito, y claramente no se va a admitir, el equipo de gobierno debería dar explicaciones más concluyentes, si es que las tiene, en aras de esa presunta transparencia que se compagina poco o nada con demorar en el tiempo la contestación a preguntas de interés general.

Por ejemplo, el alcalde debería especificar a qué malas interpretaciones se refiere sin dejar margen a las especulaciones por fundadas que sean. Esto de clamar luego en las redes sociales del partido gobernante contra el discrepante, como es costumbre, ya está demasiado visto y solo satisface a los fervientes convencidos. En el resto provoca tedio.

La ciudadanía tiene derecho a que la transparencia no se confunda de manera premeditada con la saturación de fotos y actos a mayor gloria del alcalde y una pequeña parte de su equipo ya que el resto ni asoma.

Tiene derecho pues a saber, con independencia de a quien voten -porque pagan impuestos igual lo hagan a un partido o a otro- en qué gastan su dinero, qué rápida respuesta se ofrece a los asuntos puntuales, qué soluciones se dan a sus problemas, sin demorarlas para que caigan en el olvido, y qué nivel de ética política tienen sus representantes.